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Los cuentos de Bolívar y María Eugenia XLVI:
Solidario a Miramar Nota: Es una fantasía. Toda coincidencia con la realidad es pura casualidad. Los personajes son reales, pero en este caso se deben tomar como ficticios. En
Mar del Plata los aficionados juntaron alimentos y otro tipo de cosas como ropa,
útiles escolares y algunos remedios que con generosidad de los pobladores les
donaron para los más necesitados de Miramar. Y como ellos eran los
organizadores de este emprendimiento, no se iban a perder el convite de tan
loable acción benéfica hacia terceros. Entre
todos estuvieron toda la tarde del día anterior acomodando la mercadería en
los tres furgones que Ferrobaires les prestó sumado a los tres vagones clase
primera que lograron conseguir para viajar. A
las 8.25 se dieron todos cita en la estación de trenes. Todos tenían muchas
ansias de viajar. Pero a último momento la locomotora que les habían asignado,
se las reemplazaron por una vaporera. “Empezamos bárbaro el día Mattalía”
– le dice Manuel a Gabriel. Gabriel le dice “Cosas de último momento”. Por
el altoparlante de la estación dieron la orden a los aficionados de embarcar y
todos ordenadamente fueron subiendo al tren y acomodándose en los respectivos
asientos. En
el andén, mientras esperaban su turno se subir, Aldo le dice a Valeria
“Nuestras cosas ya están en el tren ¡Date prisa!”. Valeria le responde
“Viajar haciendo cosas para los demás es muy emocionante”. En
la locomotora, Manuel le dice a Gabriel “Creo que todos embarcaron, podemos
partir” y Gabriel acomoda la leña y el carbón en la caldera. En
la puerta del primer vagón de pasajeros el guarda Enrique grita con una farola
en mano “¡Es hora de mover el solidario Manuel! ¡Acelera!” y agita la
farola. Tras
un largo sonido de bocina, el tren se pone en marcha. En la locomotora Manuel le
dice a Gabriel “Pon más carbón en la caldera Gaby, así no nos preocupamos
por un largo tiempo”. “¿Allá
delante?” – pregunta Gabriel. “Ahora
tenemos que remontar un ascenso para luego seguir en el largo descenso” – le
contesta Manuel. En
los vagones, los aficionados dialogan entre ellos. “Este
año tengo ganas de irme en un carguero desde Bahía a Rosario” – le dice
Marcelo a Juan. “Intentaste
lo mismo el año pasado” – le contesta Juan. “¿No
has dibujado algo distinto?” – pregunta Eduardo a Andrés. “Ah,
sí. La escena del incendio de la Plaza de los Controles” – contesta Andrés. “¿Y
está negrita barata de todo por 2 mangos?” – pregunta Eduardo. “Marisol”
– contesta sueltamente Andrés. “¿Y
esta otra?” – pregunta Eduardo. “Suicidio
patriótico” – responde Andrés. “Ah,
¿qué presidente va a poner la cabeza para que lo pasen por las sogas?” –
pregunta Eduardo. “Ninguno
pero estate tranqui que hay uno de ellos que es digno de ser pasao por las
armas” – responde Andrés. “Veré
si puedo tener liga en EmFer” – dice Daniel a Juan. “Vení
que en Primera Junta tendrás más liga” – le contesta Juan. Cada
uno hace distintas cosas, algunos toman mate, otros duermen y otros sacan fotos.
En fin, todos están contentos, pero un alguien no lo está: escondido en algún
rincón de los tres furgones hay una persona llamada Gilberto el Malo “¡Me
vengaré de estos aficionados de mandinga, aunque sea lo último que tenga que
hacer!”. Sale caminando en cuclillas, abre la puerta del segundo furgón y con
una herramienta para tuercas suelta la manguera de los frenos, mientras dice
“Ahora necesitarán los frenos je! je!”.
El
tren ingreso al sector del largo y pronunciado descenso, Manuel dice “Ahora
solo hay un descenso”. Manuel oprime el freno, cuando lo hace, se da cuenta
que no funcionan y dice “¡Hey! ¡Hay algo mal! ¡Los frenos no funcionan!”
y Gabriel se sorprende. En los vagones también advierten que no todo iba bien
en el tren. Aldo le dice a Valeria “¿No vamos muy rápido?” y Valeria le
responde “Tranquilo, Manuel y Gaby son buenos maquinistas”. Mientras
tanto, Manuel le pide a Gabriel que vaya a ver qué pasa con los frenos,
mientras Gabriel iba tratando de trepar por la carbonera en el tender, le dice
Manuel “¡Cambia los frenos de mano!” y Gabriel le dice mientras está en el
tender “¡Ya voy, si me caigo nos veremos en Miramar!”. Gabriel
logra trepar y en el techo del primer furgón dice “¡Abro aquí, cierro allá!
¡Debo darme prisa, la curva del esqueleto está cerca!”. Finalmente logra
activar el freno de emergencia del segundo furgón, dice “¡Ya funcionan los
frenos!” y Gilberto dice “¡Hey! ¡Hay un alguien en los furgones tratando
de frenar el tren! Echaré un vistazo” y camina al segundo furgón donde lo
encuentra a Gabriel que le dice mientras con el dedo índice de la mano derecha
le hace la seña de girar al sentido opuesto “¡Hey amigo! ¡Estás girando
mal! ¡Da la vuelta al otro lado!”. Gabriel ejecuta lo que le dice Gilberto y
le dice “’¡Vaya, gracias! ¡Ahora es más fácil!”. Al
girar los frenos el tren se pone en marcha otra vez pero más rápido. Manuel en
la locomotora grita en la ventanilla “¡No sé por qué pero la locomotora va
más rápido!”. Y justo llega Gabriel a la cabina de la locomotora que le dice
“¡Listo! Lo estaba haciendo mal pero apareció un tipo que me dijo como
hacerlo mejor”. “No Gaby... ¡Ese tipo te dijo mal! ¡Regresa y da la vuelta
al freno!” y Gabriel vuelve por los frenos “Abro aquí, cierro allá...”
dice mientras trata de llegar al techo de los furgones. En
tanto, en los vagones empiezan a advertir de que las cosas no iban para nada
bien en el tren. Valeria estaba en el lavatorio y le dice a Aquilino
“Aquilino, creo que estamos en apuros” y Enrique dice a todos “¡Chicos!
¡Estamos en apuros! ¡El tren va sin frenos!” mientras hace señas con ambas
manos. Entonces Andrés dice “¡Sí, todos al techo para buscar el problema de
los frenos y parar el tren!” y todos se ponen en marcha. Con
una escalerita maltrecha que colocaron los mismo aficionados en el último vagón
en que viajaban, treparon al techo, mientras Aldo dice “¡Adelante del vagón!”
y Marcelo grita “¡Rápido! ¡A frenar el tren!”. Una vez que lograron subir
al techo del tren, Eduardo advierte “Si estamos en apuros por falta de frenos
amigos...” y en una curva uno de los furgones casi descarrila y Juan Carlos
dice “¡El furgón de los materiales de la construcción! ¡Descarrilará el
tren!” y una vez pasada la curva, le dice a Carlos “¡Hey Carlos! ¡Ve a
enderezar el furgón de los materiales de la construcción y nosotros iremos por
los frenos!”. Mientras
todos ellos estaban en el techo, Gabriel advierte la presencia de ellos y
regresa a la locomotora, le dice a Manuel “¡Todo irá bien Manuel! Los chicos
subieron al techo para ayudar”. Manuel le dice a Gabriel “¡Haz que bajen de
allá! Pasaremos por el túnel Cara Negra antes de llegar a la curva del
esqueleto” y Gabriel regresa otra vez al techo del tren y les grita a los
muchachos “¡Hey chicos! ¡El túnel está cerca!” y Juan Carlos le dice
“Aún hay tiempo Gabriel. Carlos fue a acomodar los materiales de la
construcción en el furgón y ya casi lo logra”. Carlos acomodó los ladrillos
y el cemento de forma tal que hicieran equilibrio para no descarrilar “¡Listo!
¡Así no habrá más problemas ni peligro de descarrilos!”. Mientras
continuaban buscando el problema de los frenos, Marcelo, Mariano, Juan y Valeria
descubren que la manguera del freno en el segundo furgón estaba suelta “¡Vean!
¡La manguera del freno está suelta!” dice Valeria. “Unir la manguera para
nosotros cuatro será fácil gente” dice Marcelo. Y entre los cuatro se ponen
en campaña: introducen a Valeria en tanto que de los pies la sujeta Mariano y
en cada uno de los dos vagones están Juan y Marcelo, que dice “¡Es muy fácil!”,
Valeria que tenía que enganchar la manguera dice “¡Un poco más!”. Entre
la lucha de poder unir la manguera del freno que estaba suelta, el viaje seguía
promediando. Manuel advierte la cercanía del túnel Cara Negra, se da vuelta y
le pide a Gabriel que le diga a los chicos que bajen del techo “¡Ahora
Gaby!” y Gabriel grita parado en el tender “¡Viene el túnel! ¡Bajen
chicos!”. En
el techo cuando oyeron la frase de Gabriel, todos salen a las carreras para
bajar, Enrique dice “¡Después del túnel Cara Negra viene la curva del
esqueleto!”, Juan Carlos dice “Creo que estamos en apuros”. Mientras
tanto, Marcelo, Juan, Mariano y Valeria continuaban insistiendo en unir la
manguera del freno, Juan dice “¡Sigan, acá no vamos a desistir!” y Mariano
dice “¡A menos que nos rindamos!”, Valeria dice “¡Ya casi está
listo!” y en esa el túnel estaba demasiado cerca como para poder bajar, no
les quedó otra que pasar el túnel arriba “Aguantemos un cacho ¡¡¡¡Respiren
hondo!!!!” “¡Ya lo creo!” dice Juan y Valeria dice “¡Ya está
chicos!”. El
tren comenzó a pasar por el túnel mientras atrás todos estaban tratando de
bajar. Eduardo quería abrir la puerta “¡No puedo abrir la puerta!” y Aldo
grita desde el techo “¡Sáquenme de aquí rápido!” y Aquilino lo baja del
techo. Mientras pasan por el túnel, Eduardo dice “¡Listo, abrí!” pero
quienes quedaron en el techo con la manguera de los frenos la pasaron fulero. A
la salida del túnel, Manuel le dice a Gabriel “¡Ufff! Que bueno salir del túnel.
Ya siento presión en los frenos”. Pero cuando Marcelo, Mariano, Juan y
Valeria regresaron a los vagones, Mariano le dice a los demás “¡Descubrimos
que alguien soltó la manguera de los frenos!”. Cuando
parecía que la cosa se había normalizado, Gilberto corta la luz del tren pero
en un clavo sobresaliente enganchó el codo del saco y lo arrancó. Al advertir
del corte de luz, empiezan a buscar las fallas. Mientras buscan las fallas del
corte, Aquilino descubre que en un clavo había un trapo enganchado y lo saca.
Pero por una endija los ve Gilberto y dice “Yo me largo de aquí”. Una vez
solucionado el problema del corte, Aquilino dice “El dueño de esto fue quien
provocó todos los problemas”. Andrés dice “¡Vamos a buscarlo! ¡Tendrá
mucho que explicarnos!” y salen todos en patota a buscarlo en el tren. En la
locomotora Manuel y Gabriel estaban tranquilos, justo llegan a la curva del
esqueleto, Gabriel se asoma por la ventana y dice “¡Vaya Manuel! ¡Esa curva
aún a pie, es peligrosa!”. En el tren empiezan a buscar a Gilberto “¡No
creo que esté escondido por aquí!” dice Mario. “Solo queda un vagón ¡Ahí
debe estar!” dice Enrique, Eduardo agrega “¡Lo atraparemos!”. Gilberto
sabe que lo andan rastreando y dice “Aún tengo cosas que ajustarles a estos
payasos” y se fuga para bajarse del tren. En la locomotora ven las cercanías
de Miramar, Gabriel le pregunta a Manuel “Allá está Miramar ¿Cuánto falta
para llegar?” y Manuel le contesta “Quince minutos”. Después
de más de quince minutos de viaje, el tren llega a Miramar. En la estación había
una multitud de gente esperando el tren, que hubo de estacionar en la segunda vía
“Llegamos Gaby” le dice Manuel a Gabriel y Gilberto escondido detrás del
tender dice “Yo me bajo aquí”. Una vez que se baja Gilberto, dice “Me
esconderé en los galpones hasta que salga el tren de vuelta a Mar del Plata”
y mientras corre rumbo a los galpones dice con bronca “¡Después volveré
para vengarme!”. Juan
abre la puerta del tercer furgón y vé que un alguien corre sin el codo del
saco “¡Vean! ¡Ese tipo huye y le falta la codera!”, Eduardo grita “¡Es
él! Y todos salen a atraparlo. En la carrera, Enrique grita “¡Alto
saboteador!”, Eduardo y Aldo dicen “Espere, queremos decirle algo”, Juan
dice “Rodéenlo” y Aquilino que se bajó desde otro vagón aparece montado a
caballo, mientras va a galope grita “¡Del lazo, no escapa!” y corren todos
a Gilberto. En un desvío Aquilino enlaza a Gilberto, los demás llegan y lo
maniatan, le prueban la codera del saco y comprueban que efectivamente
correspondía a su saco “¡Le queda perfecto! ¡Es él!” dice Eduardo. En
tanto, los demás aficionados bajaron del tren y a un costado estaban Manuel,
Valeria, Gabriel y Andrés. Manuel dice “¡Vean! ¡Atraparon al bandido! Ahora
sabremos quien fue”, Gabriel dice enojado “¡Eso no fue broma!”. Mientras todos llevan a Gilberto maniatado, Juan dice “Eduardo y Aldo te vigilarán” y Aquilino le dice a Manuel “¡Mira Manuel! ¡Es el loco que casi derriba el tren!” mientras señala con el dedo a Gilberto. Manuel dice “Gilberto el Malo ¿por qué lo hiciste?”. Aquilino le contesta “Dice que nosotros estuvimos robando parte de la mercadería y que enviamos alimentos vencidos y en mal estado”. Gabriel mira a Valeria y a Andrés. “Pero son donaciones de la gente, nosotros no somos ninguna asociación de scouts ni nada por el estilo que nos vamos a afanar todo... no tenemos depósitos tan grandes para almacenar tanta mercadería” dice Valeria serenamente. “Este tipo nos odia, por eso hizo todo lo que hizo, pero ahora las va a pagar todas juntas” dice Andrés. Autor: Valeria Benitez
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