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Los cuentos de Bolívar y María Eugenia
XVIII: La carta de Romina Nota:
es una fantasía. Toda coincidencia con la realidad es pura casualidad Romina
no para de andar. Pero un día que paró en Spurr, una noche, decidió escribir
una carta a una persona que había conocido en uno de sus tantos viajes. Así
dice la carta: “Querido
Manuel: ¿Dónde
estás en estos momentos? ¿Perdido en la selva de Buenos Aires City? Aquí
estoy, en Spurr, donde los grillos cantan sin cesar... Bajo
esta tenue luz te escribo estas líneas, aunque el papel es demasiado berreta. Manu,
desde aquella primera vez que estuvimos en Arturo Vatteone, me dí cuenta que no
eres un personaje cualquiera. Tenías
ganas de seguir allí, yo también. Cuando
me alejaba tuve la sensación de que hubieras querido darme una ligera caricia,
un tierno beso... allí. Pasé
la noche en Darregueyra y no pude despegarme de tu recuerdo. Al
día siguiente pegué media vuelta con un carguero. Y pasé por el mismo sitio y
no estabas. Karpik me dijo que habías partido a Buenos Aires. Todas
me preguntan qué tengo contigo. Yo les digo que nada, pero en el fondo, es algo
especial, que no es fácil de explicar. Manu,
me arrepiento de estar tan lejos. Pero creo que ahora podré estar tan cerca
tuyo. Quiero
verte. Allá, en esa verde llanura. En algún desvío abandonado. Quiero verte.
Quiero acariciarte de verdad, saber que eres una tierna personita que puede
demostrarme el mejor de los tratos, de lo que recibo de otras personas. Yo
sé lo que pasa. Y demasiado rápido lo descubrió Karpik y le costó mucho
guardar el secreto. Manu,
estas líneas son solo para tí. En
ellas te mando mi sello, como lo es mi nombre. Te
quiero Romina” Al
día siguiente Romina salió de Spurr con la idea de enviar la carta pero la
olvidó allí. Y quien la encontró fue Pico. La leyó y pensó “Mmm, esto es
una carta de amor a una persona... que locura. A mí no se me ocurriría llegar
al extremo de ella, no sé que pensará Karpik, o las chicas allá en
Maldonado”. De
pura casualidad se encontró con Karpik “Che Karpik, mirá lo que encontré”
– le dice Pico. “¿Qué
es?” – pregunta Karpik. “Mira,
la leí y es una carta de amor a una persona llamada Manuel” – le responde
Pico. “Ah,
sí, mirá vos” – dice Karpik haciéndose la que recién me entero. “Sabes,
me sorprende la capacidad fina con la cual la escribió y se las ingenió para
decirle cuanto lo quiere” – comenta Pico. “Mira,
esto es charla de cocina entre nosotras, pero ojito con abrir la bocota” . le
advierte Karpik. “Lo
juro” – dice Pico. “Lo
de Manuel, mira, hace rato lo sé, yo la ví y preferí hacer la vista gorda,
ella me vió porque justo pasé por el lugar y bueno... ya sabes como son las
cosas. Lo que sí me pidió era que no dijera nada, ni menos a las chicas de
Maldonado” – cuenta Karpik. “¿Y
ahora qué hacemos? Esto de Romina es una locura” – dice Pico. “Mira,
Romina sabe bien que hace, el asunto es que estos comentarios no salgan de entre
cuatro paredes” – advierte Karpik. “Pero
ni a Maldonado nos podemos escapar” – dice Pico. “Acá
nadie dijo que está prohibido enviar señales de humo” – dice una ironía
Karpik. Ambas
dejaron la carta tal cual la habían encontrado. Y se fueron. Romina
estaba bastante lejos. “Me olvidé de las líneas para Manu...” se lamenta.
Por esas casualidades hubo de regresar a Spurr. Y allí encontró la carta. Para
todo esto, Pico y Karpik espiaban desde otro sitio no muy lejano. Por su lado
pasó Ayelén “¿Estará bien Romina?” – le dijo a Pico. “Creo
que tiene un poco de fiebre” – le responde irónicamente Carolina. “¿Fiebre?
Ja! Fiebre de una historia de amor y locura” – la remata Karpik. Todas
se miran. “Una
locomotora y una persona... lo más extraño que puede pasar aquí” – dice
Liliana. “Pero
si supieran esas palabras de amor que escribió... Lo que se perdieron” –
comenta Pico. Romina
finalmente se perdió entre las sierras para encontrarse con Manuel, en un desvío
abandonado. Manuel subió abordo y Romina lo llevó a pasear por vías
abandonadas, hasta perderse en el medio del desierto en plena provincia de La
Pampa. Se fueron, para nunca más volver. Autor: Valeria Benitez
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