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Los cuentos de Bolívar y María Eugenia XXXI:
En el nombre de los trenes Nota:
Es una fantasía. Toda coincidencia con la realidad es pura casualidad Mercedes
hace tiempo que no concilia sueño. Va y viene de un lado a otro en el patio de
Retiro. Solo la reconforta cuando sale de viaje a Tucumán. Yoly la acompaña en
el sentimiento. Pero sabe que no está sola. “Mechi, nosotras desde la lejanía
también te estamos apoyando, lamentamos la distancia para no poder hacer un
piquete” – le dice Natalia mientras le habla por teléfono desde Spurr a
Tucumán. Así
fueron pasando los días. Sus días felices de viajes a Tucumán están por
terminar. Y bien lo sabe. Parada frente al andén en Tucumán llora en el más
sepulcral de los silencios... sabe que dejará de oír las vocecitas que corren
tras ella... Hace unos días atrás Liliana la llamó desde Trenque Lauquen y
Mercedes empezó a llorar. Así pasó toda la conversación, o lo que no pudo
llegar a decir. Liliana le dice a Natalia “Se me parte en mil pedazos el corazón
de verla a Mercedes llorar”. Natalia le dice “No quiero pensar en la bronca
junta que tiene Yoly, seguro que ambas lejos de hablar de trenes y justicia, van
a hablar en Retiro de la impunidad ferroviaria”. Y Natalia la cantó clarita. TT01
le escribió una carta, la misma al llegar a Retiro fue arrojada a un cesto de
basura por un empleado que pasaba por el patio de Retiro a sacar las
correspondencias del buzón. Cuando TT01 le pregunta a Mercedes sobre la carta,
Mercedes le hace saber que no llegó. Entonces TT01 nuevamente le escribió otra
carta, y se aseguró de que llegara a buen destino. Una fría mañana en Retiro,
Yoly le dice a Mercedes que tiene una carta. Mercedes la abre y lee: “Mechi: No
puedo contener encima mío tanta tristeza en mi corazón amontonada en San
Antonio de los Cobres... Me muero del dolor, de la bronca, de la ira y la rabia
que siento hacia el Estado Nacional, que no sabe cuánta vergüenza esconde
tomar una decisión así... Juro
que quiero matarlos a todos, pero no todos son así. Hay mucha gente honrada que
te va a defender con uñas y garras pero repudiaré el actuar policial, que en
vez de hacer lo que debe hacer, se pone a hacer tonterías de esa clase
esgrimiendo argumentos totalmente estúpidos. Mañana... sí, los consecutivos días
en los cuales trepe hasta lo más alto de las nubes gritare tan fuerte con un
bocinazo para hacer saber que repudio lo que se está haciendo, que están
coartando tu libertad de rodar, y que ojalá Yoly pueda encontrar su cauce
porque es evidente que por ahí nos ponemos a hablar del atentado del 94 y eso
puede caernos sobre nuestras espaldas... No te des por vencida, ya sé que no
escucharás mi bocina pero lo mismo lo haré en señal de protesta. Me
despido con el dolor a cuestas TT01” “Pobre
TT01... cuando ha escrito esta carta ha estado llorando desconsoladamente” –
le dice Mercedes a Yoly. “Es
lógico. Y es de entender” – le responde Yoly a Mercedes. “En
mi corazón llevaré esta carta, eso por lo menos no me lo van a quitar” –
le dice Mercedes a Yoly. “Mechi,
yo sé que esto ahora duele, pero si supieras que hace poco terminamos de saber
cuál es el significado de la palabra justicia, no esperes nada. Nos queda únicamente
juntar fuerzas porque juntas saldremos adelante” – la alienta Yoly – “El
día del enfrentamiento, resistí, resistí, no te podré ver pero todas te
seguiremos atentamente”. Y
llegó el día. Mercedes trajo la formación al andén 7 de Retiro. Por atrás
Yoly escuchaba, no perdía nada de rastros. Al rato estaban los pasajeros que
aguardaban viajar y eso la alegraba. Pero al mismo tiempo la angustiaba iba en
aumento al ver el amotinamiento de la policía en la vía. Cuando vió la cara
de perros de la policía, les dijo “¡Saboteadores del servicio ferroviario!
¡Vayan a atrapar a los ladrones!”. El
comisario amenazante le dijo “¿A mí me vas a pasar por encima montaña de
toneladas?”. “¡No
dudaría en hacerlo, maldito saboteador!” – le retruca Mercedes al
comisario. “Vos
te quedas ahí” – le dice en forma burlante el comisario. “Vos
te vas de acá, ¡¡andá a atrapar chorros botón inútil!!” – le grita
Mercedes. “Me
iré muerto” – dice el comisario con gestos amenazantes. “Pues
muerto te irás maldito polizón, saboteador, me daré el gusto de hacerte
sentir encima tuyo el peso de los trenes – le dice Mercedes – Y te aseguro
que no vas a contar el cuento, servirá de lección para todos los que te
rodean”. “Vení,
dale, avanzá” – continúa diciéndole el comisario. “No
vaya a ser cosa que la montaña de toneladas sea condenada a prisión por
homicidio culposo, por haber equilibrado la balanza en favor de los
ferrocarriles y de medio pasaje que está en el andén viendo de espectador como
nos viven forreando” – se enoja Mercedes. Maribel
llega al patio trasero de Retiro junto a Yoly y Maribel le grita a Mercedes “¡Dale
piba, no te rindas, resistí así les demostramos a estas ratas quienes somos
las locomotoras!” “¡Lo
sé Maribel! Acá están con los celulares los capos de la empresa” – le
grita Mercedes a Maribel. “¡Pero
no apagues tus motores!” – le grita Yoly. “No,
ya sé, solo que el comisario me está insultando!” – les dice Mercedes. “No
importa Mechi, nosotras estamos haciendo el aguante” – le grita Maribel. Mientras
los ejecutivos corrían de un lado a otro para conseguir habilitar el servicio,
Mercedes se resistía a la orden del comisario de que apagara los motores. La
distancia que el comisario hubo de tomar frente a la actitud de Mercedes dió
como resultado el bocinazo prolongado que dió, junto con la frase “Ni el
himno nacional es signo del país en que vivimos, ¡que no gane la impunidad señores!”.
La
tensión continuaba. Y mientras tanto, Mercedes tuvo tiempo para gritar una de
sus últimas frases “¡Ustedes juraron, por Dios, por la Patria y por los
Santos Evangelios! ¡Ya ni siquiera recuerdan que por eso juraron ustedes
funcionarios del Gobierno Nacional y Provincial!” “Esto
va para ustedes, saboteadores del servicio ferroviario” – les gritó
Mercedes e hizo sonar su sirena. “¡Bien
hecho Mechi, seguí así, no te resistas!” – le decían Yoly y Maribel,
ambas las acompañaban con aplausos. Al
mediodía llegó la fiscal. Se puso a tono con el asunto. Mercedes escuchó una
frase que le llegó como un dardo directo al corazón “No estamos competentes
en tomar decisiones”. Cuando Mercedes oyó la frase, disparó su frase en un
grito “¡La Patria se los está demandando funcionarios del demonio!”. Cuando
empezó a avanzar la tarde, Mercedes vió que su bronca era en vano. “Te gané
montón de toneladas” – volvió a decirle en forma burlona el comisario. “¡Ganaste
por esta vez maldito imbécil! Imbecilidad e incompetencia es lo que te espera
de ahora en más en el resto de tu carrera policiaca” – le dijo Mercedes. Y
no hubo acuerdo. La resistencia no valió de nada. Mercedes tenía ganas de
llorar pero prefirió apagar sus motores e irse con Maribel y Yoly al patio
trasero. Pero antes de irse del andén 7, al público les dijo “Ustedes
pasajeros van a ser la Patria que demande a los funcionarios por mal ejercicio
de sus funciones”, al personal policial “¡Volveré! Y triunfaremos” y la
remató con una frase a los ejecutivos de la empresa “Supongo que ahora van a
incorporar a sus diccionarios la palabra “Buen ejercicio de la reglamentación””
y se fue. Al
llegar Mercedes al patio trasero, Maribel le dice “Te felicito Mercedes, no
solo hiciste todo lo posible, sino que pusiste en jaque a medio mundo”. “Así
saldremos adelante” – le dice Yoly. “¿Qué
será de mí futuro?” – les pregunta Mercedes. “Vamos
a dormir Mechi, Maribel se va a Junín” – le dice Yoly. “No
te preocupes Mechi, ya vendré mañana” – la consuela Maribel. ... “Mechi”
– le dice Elisabetta desde Maldonado. “Elisabetta,
supiste qué pasó ayer” – le dice Mercedes. “Todas
lo sabemos. Ahora tienes que escuchar el discurso de Loretta 7911” – le dice
Dolores. Todas
encienden las radios. Así empieza Loretta en Lynch: “Nos,
los representantes del Pueblo de la Nación Argentina: reunidos en un Congreso
por voluntad y elección de las provincias que lo componen cumpliendo los pactos
preexistentes, con el objeto de hacer a la patria ferroviaria y que tanto pasan
de mano en mano... Juramos
por nuestra Patria, la Patria Argentina, que nos vió nacer, crecer,
desarrollarnos, morir y ahora resucitar. Vale la pena recordar el 25 de mayo del
2003 cuando nuestro presidente juró por eso, por la Patria y que si no cumplía
como lo debía, la Patria se lo demandaba y ante semejante desacato ferroviario,
la Patria Ferroviaria se lo está demandando no solo de ahora, sino de hace
tiempos pasados y lejanos. No
somos cabildantes, pues hemos nacido en el campo junto con la libertad para con
los rieles rodar en las más lejanas distancias, unir un país dividido y tantas
vueltas de la historia hizo que nosotras seamos duras a todo, como la tierra de
un corral y es bueno que nos haya pasado eso porque supimos ganarnos el adepto
del Pueblo que ante la impotencia baja la cabeza pero nosotras seguimos para
peticionar y aunque nos toque morir, vamos a resucitar. A resucitar porque
siempre quedan buenos cerebros para hacernos recordar cada una de sus
actuaciones señores funcionarios, a ustedes qué se dicen ser Representantes
del Pueblo de la Nación Argentina, fomentando el desarrollo ferroviario cuando
constantemente estamos al tanto de cada una de sus trastadas. Y de esta no
escapan los capos de las empresas, que saben por donde viene el negocio y se las
rebuscan tan bien para que el negocio ferroviario salga tan redondo como una
moneda y así hacer creer al común del Pueblo que los trenes son deficitarios.
Es bueno que paremos la ola de la pavada, porque con ella ya estamos un poco
hartos, o mejor dicho, cansados de que nos sigan mintiendo con tanta
obsecuencia, nunca va a faltar aquella que quiera cortarle la lengua, entonces
es justificable cuando más de una vez se escucha y se lee la frase “Muy
cansado de que nos forreen”. A
ustedes que bajo nuestras espalas está encomendado el servicio ferroviario:
quienes mejor que nosotras para detectores de mentiras, de mentiras y cometas
económicas y de actuaciones políticamente incorrectas. La
Patria se los está demandando” – finaliza Loretta. Mercedes
dice “Al gran pueblo Salud!” mientras agita una bandera argentina. Autor: Valeria Benitez
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