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Los cuentos de Bolívar y María Eugenia XXXVIII: Crónica de un día de furiaAdvertencia: Las personas existen en la
realidad, el hecho fue extraído de la realidad. Lo que le haya sucedido a cada
persona en particular es toda coincidencia es pura casualidad. Manuel
salió de su casa en Devoto rumbo a Retiro. La tenía fríamente calculada:
salir bien temprano, tomar el tren en estación Antonio Devoto, llegar a Lacroze
y allí abordar el subte para llegar más pronto a Retiro y allí tomar un tren
a Villa Rosa. La primera parte del viaje fue normal y cuando el reloj marcó
7.26 de la mañana fue lo que decía el boleto del subte. Abordó el subte rumbo
a estación Pellegrini. Para cuando el subte llegó a Uruguay sus cálculos
hicieron agua: el subte se paró sorpresivamente en dicha estación y por el
altoparlante salía una voz que decía “Se ruega a los señores pasajeros que
desciendan del tren porque en este momento el servicio será interrumpido”.
Cuando Manuel escuchó la frase del altoparlante pensó que había desperfectos
técnicos pero al rato supo que se trataba de una medida de fuerza. Y su
paciencia se fue a los límites para por luego injuriar al personal de Metrovías.
Es que su bronca se había elevado lo suficiente para descargar su ira al
boletero de estación Uruguay, masticarse la bronca y salió caminando a todo
paso a tomar un colectivo que lo llevara a Retiro. Pero
Enrique tuvo la mala idea de elegir el subte para llegar a Correo Central: en
Constitución adquirió su boleto correspondiente y cuando llegó al molinete se
encontró con el servicio interrumpido y le ofrecieron un boleto para viajar
otro día. La bronca que poco pudo contener la descargó en agresiones verbales
al boletero para por último terminar agarrándolo de la corbata con la frase
“¡Devuélveme el dinero ladrón de m...!”. Por supuesto que si a esa bronca
de no poder viajar le tuvo que adosar la otra bronca de tener que ir a la
comisaría porque ellos adujeron que eso era agresión a la persona, la pregunta
que Enrique le hizo al comisario cuando llegó a la comisaría fue “¿Cómo se
llama lo que estos señores hacen?” y no hubo respuesta alguna para esa
pregunta. Al rato salió caminando y se tomó un taxi rumbo a Correo Central
para seguir soportando a sus compañeros de trabajo.
Y
a Tulio que por acortar los tiempos de viaje para llegar a tiempo a Primera
Junta, pensó en abordar el subte en Retiro y hacer la combinación. Pero su
viaje se acabó en Plaza Miserere: es que allí lo sorprendió el paro y ante
todo el gentío, prefirió ir al sector de TBA y tomarse el tren a Caballito,
mal le salió en el momento de salir en Caballito porque su boleto no combinaba
en nada pero tuvo la excusa en la punta de la lengua “¿Qué quiere que haga
si me agarró el paro de subtes?” pero su bronca terminó en una multa de TBA
a pagar, la cual todavía deben estar tratando de cobrar todavía, si les es
posible. No
a Gabriel que le fue peor todavía: en su ida a Catedral, el paro lo sorprendió
en estación 9 de Julio pero como no tenía apuro, se sentó en un banco a leer
sus apuntes de historia de la Edad Media, ya que ese fue el pasatiempos perfecto
para paliar la bronca de un paro largo. Para cuando pasó el paro y llegó a
Catedral tuvo que lidiar con la bronca de la otra persona que lo increpó por
llegar tarde. Cuando regresó a su casa pensó “Listo, ahora estoy en mi casa
y espero que a la tarde me vaya mejor”. A la ida, la cosa iba pesada rumbo a
Primera Junta pero justo se retiró un poco más temprano que lo acostumbrado de
la sede social y al llegar a Primera Junta, el boletero le expendió el boleto
pero no había ningún cartel de que había paro. Cuando llegó al andén se
encontró con la medida de fuerza y entonces le ofrecieron del personal de
boletería un boleto alternativo pero ya su bronca estaba ida por las nubes que
no pudo contener su bronca de injuriar al boletero y agredir a trompadas a un
conductor y escupir a un dirigente gremial, para también soltarle la frase “¡Déjense
de romper las pelotas!”. Pero no fue su única frase, las restantes son
imposibles de reproducir. Y entonces regresó a la sede social con la bronca
encima que Juan trataba de contener. Pasadas las 21 horas regresó a Primera
Junta pero mala fue la elección que hizo: es que allí lo estaban esperando
para darle su salsa pero al llegar al andén le fue mal: una patotita de 3 tipos
le dieron para tener, guardar y archivar así que su día de perros lo terminó
en el hospital Durand pero la patotita tuvo lo suyo porque a los tres días los
cuatro terminaron en la comisaría, por violencia física y agresiones verbales
que bien rápido tuvieron que buscar las soluciones porque ninguno de ellos iba
a terminar bien. Pero Gabriel todavía sentía en carne propia la paliza que había
recibido en Primera Junta. Autor: Valeria Benitez |