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Café Ferroviario XVI: Los pensamientos de
Mecánico R. Karpik II Me
pongo a pensar si desde cuando hice públicos mis pensamientos hace unos meses
atrás en si en mi país, Argentina, las cosas cambiaron en algo. Colegas míos
me dicen que sí, pero con la diferencia que la mayoría para mal, porque para
bien, no se nota en absoluto. ¿Nuestros
trenes siguen en el arcaísmo? Por el momento, sí. De era cambiaremos creo que
dentro de unos cuantos millones de años. Por ahora no hemos descubierto ningún
método para arreglar en menor tiempo posible los ramales, pero sí se ha
descubierto uno para destruirlos tan pronto como le sea posible: una GT y se
acabó el asunto. No hay que hacerse problema, si nuestras vías están rotas,
que se rompan un poquito más no les va a hacer nada, que se arregle el que
sigue. Me parece que
esta teoría del “me tiro la pelota” la tenemos demasiado bien asumida, está
incorporada a nosotros. ¿Empleados?
Creo que tal vez Pedro Picapiedra y Pablo Mármol tienen mejor atención que
quienes fueron designados para la atención al público. Digamos que su trato es
bien detestable (Y si detestamos a ciertas personas, vamos bien) que encontrar
uno cuya atención sea amable uno se queda dudando y trata de encontrarlo dos
veces. O nos pasa que nuestro personal ferroviario está demasiado avejentado,
alguno más inteligente diría “está el PAMI instalado allí”. Peor sería
que dijeran que la grandísima mayoría de los empleados son de geriátrico. ¿No
será hora de hacer un poco de limpieza ferroviaria? En
el Diccionario de la Real Academia Española la palabra Locomotora es un
sustantivo femenino. Con números, claro. Apodos hasta ahí. ¿Trato? Y que buen
tema diría Pacotillo. Las tratan por lo que son, locomotoras, pero en la mayoría
de las veces su trato es “bestia”, porque ni siquiera saben que alguna vez
necesitan una limpieza facial fierrera y si se rompen o se funden, las tiramos
por ahí para que no estorben. ¿Qué sería si hablaran? ¿Para qué queremos
que hablen? No es necesario, son la prueba del delito de que el estado de las
locomotoras es de “terapia intensiva”. ¿Arreglos? Cuando de algún generoso
monedero se compran repuestos y otra vez a trabajar. ¿La
última pasada será el soplete? Montoto
e Iglesias hacen una buena pareja. Es que por una vez se acordaron de que había
que ponerse las pilas y revisar los galpones de Retiro. ¿De dónde cayeron los
verdes? Que buena pregunta... mejor obviarla. Lo
importante es que las muchachas enjauladas volvieron a los rieles, pero por
desgracia, estamos en emergencia nacional. Los
pasajeros ¿son humanos o animales? Últimamente tengo la sensación de que para
cierta gente son animales, pero en vagones de pasajeros, porque hasta los trenes
de larga distancia se pueden convertir en “trenes de hacienda” donde los
pasajeros viajan como ganado. Si en la línea San Martín viajan colgados y
hasta alguno por ahí, en el techo, en los de larga lo último que faltaría es
colgarse a viajar en los techos, en los estribos y en la locomotora. ¿Quejas?
Bien, gracias, todos nos lavamos las manos y así va la cosa. ¿Alguna vez la
CNRT se acordará de cuales son las funciones que debe cumplir? Creo
que hay que recordárselas, pero por el momento recomiendo internarse en un
convento y hacer votos de silencio hasta esperar una solución. ¿Entienden
ahora que lejos de avanzar retrocedemos cada día más? Y después decimos que
la culpa de todo la tiene Anne Kruegger y el maldito FMI. No hay dudas, volvamos
al arcaísmo puro porque este cuento lo tenemos muy bien domado. Autor: Valeria Benitez
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