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Café Ferroviario XI: El humor acerado de
Mardel Bueno
chicas, digo, a todas las chicas que se prenden a la joda, que demuestran que
esto es una mera jodita, una jodita para Videomach... cuando digo chicas me
refiero a mis compañeras, hermanas y colegas, sí, quien no lo sabe, urgente
vayan por Constitución o un poco más cerca, Once, solo les pido que no se
olviden de telefonear a A920 que está re agusanada de estar encerrada, pro ese
es otro cuento del que hablaré luego. Volviendo, disculpen que me salí de
libreto, como decía, tanto tiempo dándole con el hacha a todos, aquí estoy
dispuesta más que nunca a darles un chas chas en la colita, como los chicos que
se portan mal... Hace tiempo que estoy dándole con el hacha, sin medias tintas,
ni distinción de razas, pelos, marcas y colores, pues se sabe chicas, todos
provenimos del mismo laboratorio, aunque hay muchísimos laboratorios en estas
pampas... Pues
esta vez tengo ganas de hacer memoria, pues algunas de ustedes este mambo lo
tienen super clarito, como el agua podrida del pestífero Riachuelo –pobres
pescaditos que transitan por ahí- pero hay otras que saben un 50% y otras que
no saben y varias que no lo entienden. A ver si entendemos y aprendemos un cacho
¿puede ser? Vamos
a retrotraernos en la memoria, el plano político va a ser nuestra columna
vertebral para entender esto, y luego van a ver que es como un trencito:
locomotora y vagones, nada más que el resultado de esto es un largo larguísimo
convoy... un tanto pesado de arrastrar. Pues es que voy a remitirme a 1993, la
era en que Internet ni correo electrónico no estaba al alcance de ninguno,
donde por ahí el Estado era Estado, aunque empezaba a fragmentarse, no había
Soledad ni Nocheros que sonaran, no existía el diario Clarín a colores ni los
DVD pero sí existía la Caja Boba, aunque aquello que perdíamos de ver, chau,
pues no había triple doble ve, y tantas cosas teleinformáticas que permiten
ver las cosas a la velocidad de la luz pero si existían ciertas personas que más
que favorecernos, nos recagaron... y con todo, como de arriba de un techo. En
ese entonces los trenes eran cosas bien conocidísimas pero el asuntito era que
estaban un poco arcaicos y molestaban. Pues en ese entonces era un simple número
y pare de contar. Vean, los pibes se mueren por tener un trencito de plástico
es que los papis vamos a la juguetería –No a Expreso de Oriente a comprar algún
accesorio de Thomas y sus amigos- sino a comprar trencitos de plástico por
pocas chirolas y de paso por atrás los trenes de la realidad protagonizaban una
batalla, una especie de Azules y Colorados de la época de Guido, que el
vencedor era el que tenía más tanquecitos, que por ahí alguna bomba caía
sobre nuestras casas y nos las volaba por los aires... Mientras los trenes no
sabían de que lado ponerse porque ambos decían que lo hacían por el bien del
país, pero les digo sinceramente, yo estaba como los indios en el Roca, yirando
por la costa mientras lo único que podía decir era “Soy indio, antes estaba
en taparrabos y ahora estoy en bolas”. Dije que en 1993 no había tanta
tecnología pero sí existían los personajes, desde que tengo uso de razón y
desde que empecé mi existencia, la política es algo muy viejo, ya estaba desde
hace tantos siglos antes de que naciera Cristo... pero a la política en
Argentina la trajeron los colonizadores pero en 1816 nosotros nos ocupamos de
hacer y deshacer a nuestro antojo, pro no me preocupa, pues no existía, esa
historia hay que preguntársela a la chicas que perduran en los geriátricos
–ya voy a hablar también de eso-. Bueno,
¡basta de palabrerío, presentación y que se yo! Voy a hablar de este
personaje. En ese entonces, 1993 –año de partida por si se perdieron-, cuando
diga lo que sigue les va a sonar muy enseguida. Mientras tanto, también unos 10
años más pero atrás estaba Alfonso en la Rosada y los precios por las nubes,
un negrito riojano testarudo y patilludo venía haciéndo la rebelión en La
Rioja y ya tenía todo el plantel listo –los 11 titulares y los suplentes, más
preparador físico y asistente de entrenamiento, incluyendo DT- decía tener la
solución a la inflación, pero digan que si los argentinos nos hundimos económicamente
en ese entonces fue por las maravillas realizadas por J. Sourruille y, como no
puedo olvidar, no me puedo olvidar si andaba con el culo a cuatro manos porque
no sabía si en algún viaje a MDP en algún paso a nivel podía toparme con un
tanque y que me volara la tapa de los sesos... Bueno, la cuestión es que ese
riojano decía tener la solución para sacar al país a flote y como la cosa iba
de mal en peor, nos volvimos a sumergir en promesas políticas, en especial, yo
me refiero a las del negrito patilludo que prometió al estilo Perón y como un
perfecto arquero se mandó la atajada de fines de la década del 80: el sillón
en la Rosada. Entonces este negrito patilludo se dió cuenta más de la cuenta
de los beneficios del poder: vos vení acá, vos andá allá, para vos esto, así
todos se fueron acomodando, entre ellos algunos paisanos que trajeron dolores de
cabeza sospechados de fundamentalistas o cosas por el estilo... También subir
al poder le sirvió para acomodar su imagen y entonces todos empezamos a
llamarlo el Turco. El Turco –o como le quieran llamar- acertó el blanco en el
puesto de Economía: entonces apareció por segunda vez a jodernos la vida el
Pelado –corrijo: voy a llamarlo Pelao Botón- y al principio, las cosas
marcharon bastante bien –o aparentemente bien-. La cosa es que 1993 fue el año
negro de los trenes: como dije al inicio, mientras en la política eran una
especie de Azules y Colorados, muchos andábamos con los destinos inciertos,
salió el resultado definitivo: de la noche a la mañana salió un decreto con
los trenes que se irían para no volver y por otro, los trenes a concesionar:
vale en esto una acotación, que lo privado es la administración. Ahora ustedes
me van a preguntar ¿Qué tiene que ver el Pelao Botón? Porque formó parte en
las comitivas para las concesiones... en un lenguaje un poco más fino,
licitaciones. Mucha reglamentación ¿para qué? Desde 1993 hasta la fecha, que
yo sepa, los reglamentos adornan toda esta cuestión, porque su función es
–al igual que la Constitución Nacional- la de ser el papel higiénico porque
como Mario Pergolini inventara aquel versito que dice “Me chupa un huevo / soy
Barrionuevo” –personaje que también integró este equipazo, ya diré que
hizo-, flor de papel higiénico. Y, uno desde el ambiente ferroviario llorábamos
amargamente esta derrota y los argentinos nos daban la espalda, seguían
inmersos en la idea de los trenes privados eran la mejor de las soluciones, pero
para eso ignorábamos eso llamado CNRT, no sabíamos que su función era
proteger al usuario de los abusos de las empresas, todas esas empresas que un día
nos caímos del catre y nos desayunamos con esa sorpresita, pro ninguno de todos
nosotros dimos cuenta que esto era peor el remedio que la enfermedad. Bueno,
la cuestión es que Ferrocarriles Argentinos quedó desterrado por el momento y
cada uno empezó a rodar con quien le corresponde. Lo que sí, alguno alcanzó a
escabullir, cosa que pasa hoy en día, locomotoras y vagones pasaron a
convertirse en proveedores de repuestos. Pero cómo no íbamos a sacarnos de
encima el transporte ferroviario si era más barato o ¿barato? viajar en micro
o avión, porque resultaba que el Pelao Botón había implantado una cosa
llamada “1 peso, 1 dólar”, entonces era más simple comprar basuras
provenientes de China y enviar a los caños a la industria nacional. Claro,
muchos añoran esas épocas pero eso es al divino pedo. Y bueno, así llegamos
hasta 1995 año en que una nueva rueda electoral decidió por fraude –que
deporte favorito en Argentina. Lean un poco la historia- que el Turco ya había
estado seis añitos en el poder, modificó la Constitución Nacional a su antojo
para quedarse a rompernos los kinotos unos 4 años más... Hasta 1995, el mapita
ferroviario pasajero había sido tijereteado, pero tan bien tijereteado que los
que trenes que quedaron pudieron decir “Al menos contamos el cuento”. Pro he
de contar una yapita: Don Alvaro dijo hace años luz que había que pasar el
invierno y ahora teníamos jodiéndonos la vida a la nena que mandaba en Medio
Ambiente, que lejos de preservarlo se vestía con pieles de bichitos en peligro
de extinción. Pero volvamos a los rieles. La mitad más uno de las chicas
cambiaron sus numeraciones originales, no debían quedar rastros de la época de
FA y entonces lo primero que hicieron todos fue la parte externa y gastaron
millones de pesitos en litros y litros de pintura cuando motorísticamente por
ahí andaban como el tuje. Por lo menos en el sector mío, estatal provincial
–aclárese- seguimos tal cual cómo era antes pero otra cosa nueva que surgió
–esa sí que es lo único rescatable-: los apodos. Dicen que las locomotoras
en el sentido de la palabra es femenino, bueno, en el sector mío recibimos
nombres de localidades, es por eso de mi apodo pero en otra empresa las
locomotoras tienen nombres de mujeres, del más conocido hasta el más estrambólico,
todos los que se crucen por la cabeza. Hasta ese momento la cosa marchaba
“bien”, bien prendida de los pelos, en materia de larga distancia. En el
sector local... como nunca empecé a ver eso llamado molinetes pero otra cosa aún
más asombrosa: la máquina expendedora de boletos, esa que llegan los viejitos
alegres y no saben qué botón o dónde deben meter la mano para sacar el
boleto. Es evidente que esa persona llamada boletero puede sonar a “empleado
de sobra”. La pregunta mía del millón es ¿qué problema se hacen ellos si
total los 37 millones de argentinos pagamos los sueldos ferroviarios? Quien
tenga la respuesta que me envíe un cabo. Bueno,
bueno, mencioné a Barrionuevo, dirán ¿y éste no es personaje del ambiente
ferroviario? Sí gente, tienen razón, pero se hizo muy célebre por la
siguiente frase “En este país nadie se hace rico trabajando y para que los
problemas se solucionen bastaba con dejar de robar por dos años”. Y si él lo
decía, sabía porqué, pero ese porque lo tiene muy clarito desde que se
desarrolló tipo un baobab como los que describe el Principito. Y
así el Turco se quedó en la Rosada y los trenes... bien gracias. La cuestión
es que las cosas no estaban funcando bien: ya había habido incidentes con los
revoltosos cuarteleros y si a eso le sumamos que dos bombitas nos cayeron sobre
sitios de judíos provenientes no precisamente de tanquecitos argentinos, sino
de tanquecitos de vaya cada uno a sospechar de donde, luego se culpan uno al
otro pero yo les digo una cosa: esas bombitas los judíos si quieren saber el
final de esta historia van a tener que esperar unos varios millones de años más,
para ese entonces, varias generaciones estarán descansando bajo tierra. Pro eso
no es todo, la paridad, la platita dulce, empezaba a traer sus complicaciones:
al mismo tiempo en que vertiginosamente lo nacional se iba a los caños, subía
el desempleo y nadie decía que eso era culpa del 1 a 1, entonces empezó a
sonar algo llamado “Efecto Tequila”. Yo no entiendo un pomo de economía,
pero lo que sí sé es que en ese entonces, en materia ferroviaria, nadie, ni
los periodistas que meten las narices en todas partes –hablan de todos los
temas pero no saben un pomo de nada- observaban que las cosas estaban prendidas
de los pelos... Desde
1995 hasta 1999, cuatro añitos solamente, pasaron varias cosas, y los trenes,
como dije dos veces anteriormente y ahora voy a cambiar, no diré que estaban
atados de los pelos, ahora los estaba pasando por encima el tifón exterminator,
porque la verdad es que los trenes de veras, estaban hechos percha. Mientras por
afuera se quejaban por la corrupción, los docentes plantaban una carpa blanca
frente al Congreso Nacional por mejoras de sueldos, ¿no era mejor enseñarles a
los chicos que nuestros trenes hicieron al país y ahora no los tienen? Suena
muy educativo eso de enseñarles a ver qué clase de tipos pululan estos
ambientes, si sobre todo nos ponemos a hablar de Montoto, Iglesias, Maturano,
Daer, Pedraza –también tengo letra, paciencia- entonces les digo que estos
personajes son algunos de los ingredientes de los laboratorios argentinos. Que
luego me hablen de corrupción... Para
este entonces, el Pelao Botón se las había pirado y en su lugar vino un chabón
llamado Roque Fernández, pero lo voy a llamar Roteque. Y la economía seguía
así nomás... como quién dice, haciéndo un flor de tumba carnero y los trenes
aquí estábamos como en 1993, sin saber por quien decidirnos porque a nadie se
podía creer. Pro los argentinos sí tuvieron a quién creer: ¿Sabioly? ¿Cómo
no nos vamos a olvidar de Sabioly y su famoso Tren de la Esperanza? ¿Naaby?
Mmmmm, solamente para sacarnos a los secuaces provenientes del Laboratorio Perón
bastaba, sin pensar que sus promesas eran peor que las tortugas que la CGT le
tiraba a Illia. Y así llegó octubre y llegó el añorado 10 de diciembre de
1999 en que el Turco –ahora lo voy a llamar Charly- se iba... de la Rosada,
claro, pero las cagadas realizadas continuarían perdurando por el pasar del
tiempo... No adelantemos, vayamos a las promesas electorales. Algo
que me olvide de 1995, algo que solo unos pocos recordamos, es que salió un
gobernador patagónico a prometer el regreso de los trenes y se recorrió la RA
pero en 1999 el Tren de la Esperanza tapó toda evidencia de promesas
electorales, trenes y política y mas promesas... Un vagón exclusivo para
Sabioly y para otra persona que lástima que se bajó de los escenarios para
hacer política pero le digo algo amigo: siga cantando porque como político es
usted una verdadera bazofia. Pero no todos estaban muy contentos en el trencito
de Sabioly, basta recordar la mufa de los pobladores de Stroeder le costó
quedar preso y seguir viaje en micro... vaya uno a saber qué pasó y finalmente
este trencito un día cualquiera aterrizó en Retiro Mitre, y se mandó el acto
del fin de siglo, a ver si lograba convencer a las masas solamente con el fin de
un votito. Volvamos
a la línea, Naaby se llevó todos los galones pero yo no entendía a este
gobierno aliancista, por un lado queríamos sacar del medio a los remedios del
Laboratorio Perón pero aún quedaban otros productos de ese laboratorio –por
si no saben recuerden quién se tiró primero del Titanic- y Naaby tuvo que
hacer de capitán, fue una función que ejerció muy bien, otra tortuga peor que
la Illia, sabía perfectamente cómo hacer la plancha, podía sonar a que no tenía
cerebro si la Inesita y Tony tenían tantas neuronas atrofiadas que el resultado
no pudo ser que una tragedia idéntica a la vivida con Charly. Pasaron tres
ministros de Economía pro el último era la tercera vez que venía a jodernos
la vida... ¿saben a quién me refiero? Sí!!!!!!! Sí, el Pelao Botón, pero
está vez hizo algo más que jodernos la vida, realmente como dicen en las
pampas, sí que nos cagó de arriba de un techo. Ya a esta altura los argentinos
no éramos los boludos de hace un tiempo atrás, incrédulos, uno sabe que hay
elecciones y una semana antes de ellas no sabe ni a quién votar, entonces salió
una cosa nueva llamada “Voto bronca” y no tenía un patrón que lo
definiera, podía ser cualquier cosa, hasta los boletos de trenes... Solo en el
interior la gente es más tontuela, pero eso no lo voy a tocar. ¿Los trenes? Ahí,
bien gracias. Y...
¿saben una cosa? Unos personajes resucitaron: esos que se dicen ser defensores
de los laburantes salieron al ruedo. Hagamos un cacho de historia. Mientras en
1993 los trenes y los ferroviarios se iban en masa porque como el planteo que
hizo Charly “Ramal que para, ramal que cierra”, uno todavía se sigue
preguntando que dónde cuerno estaban los gremialistas que no defendían a los
ferroviarios y, por ende, a los trenes. Pero como más de un argentino sospecha,
diría “Durmiendo la siesta”. ¿Saben qué? Eso sí se llama ser cómplice...
por la guita todo es posible. Ahora empezaba a sonar lo de los trenes hechos
percha y como dije, los gremialistas en el ruedo haciéndo quejas y reclamos
netamente truchos, en esta sí que se precisa ser boludo, el argentino común ya
se hartó de las mismas boludeces sin sentido y por política... y que siempre
terminaran perjudicándolo. Un día hasta salieron comparando el patrimonio
ferroviario con el de Aerolíneas Argentinas... ¿cómo podían tener cara ahora
para hablar de lo sucedido hace 10 años atrás si hace 10 años atrás los
argentinos nos preguntábamos dónde estaban que no se los vió quejarse? Alguno
más entendido diría “Oportunismo político”. Pero
sigamos con los gremialistas... son tipos jodidos ¿verdad? El que gana es
Pedraza con el Ferrocarril Belgrano Cargas que en la pura realidad lo vació. Si
queremos buscar algunos quilomberos vayamos por el sector de TBA, los peores
provienen de los depósitos de Victoria y Castelar, máxime si está la Medusa
ahí dando vueltas... o para seguir revolviendo tenemos unos nuevos personajes
que salieron de no sé dónde, se dicen ser la Comisión Salvadora del Tren, yo
no los entiendo, solo sé que prometen y prometen siempre y cuando los trenes
sean estatales, no vieron que con algunas letras de su largo nombre se forma una
palabrita llamada “Acomodos” porque por delante hablan de los trenes, aunque
por detrás sean su papel higiénico favorito por excelencia. Y
bien, así pasaron dos añitos y un poquito en que el Laboratorio Aliancista
hubo de rajar como las ratas y los trenes veíamos cómo se diluían tan rápido
los gobiernos... mientras los cacerolazos se llevaban el premio a la mejor banda
sonora en esta película. Hasta ví pasar a Saamy, pero finalmente vino Sabioly
a quedarse. Entonces empezamos a recordar las promesas ferroviarias de trenes a
lo largo y ancho del país pero eso parecía una cosa archivada, porque nadie
abrió la jeta por el asunto. Y se quedó un largo tiempito en el poder, cosa de
poder saborearlo un poquito y entonces en el 2003 –justito a 10 años en que
los trenes dieran su saludo más doloroso- empezó la carrera presidencial, su
principal ingrediente: promesas electorales. Y hablaré de personajes. Solo
hablaré de las del laboratorio Perón. Hubo tres. Por un lado estaba Saamy, con
la promesa de los trenes bala y otras más, el planteo que sonó era ¿cómo
puede volver a ser presi de la república si cuando se lo designó a la semana
huyó como los ratones? Por el otro teníamos a otra figura, ya a esta altura
podía sonar a alienígena, ese llamado Charly en la versión de la
re-resurrección y el cuentito de la plata dulce y los verdes a los argentinos
ya provocaba rechazo de nomás mencionarlo. Y el tercero era una especie de
Levingston, porque no lo conocía ni el loro, excepto los santacruceños: sí,
el Pingüino, que también prometía trenes. Otra vez elecciones y casi más nos
comemos una segunda vuelta que por suerte no pasó. Así que el Pingüino se
hizo del poder y golpazo en la cabeza lo convirtió en un Rebelde Way, porque
está haciendo la rebelión a los que vaciaron y siguen vaciando a la
Argentina... Y
gracias a ello los trenes están retornando de a uno y por etapas a sus
respectivos lugares: así le pasó al Gran Capitán y otros más. Yo
sé, yo sé que el Pingüino es un personaje muy bien intencionado pero hay
otros que son de terror. Señora, tome lápiz y papel y tome nota de lo que diré
ahora: Montoto, Iglesias, Cirigliano, Pedraza y paremos acá. Montoto e Iglesias
los dos son del mismo laboratorio: Laboratorio Metropolitano, porque como
alguien dijera, Metropoligarcha, se empeñó en garchar a las locomotoras
gracias a estos tipos. Yo les digo una cosita: Montoto es un inventor, sabe cómo
inventar para llenarse los bolsillos: una buena parte de los argentinos lo
tenemos mentado como “El inventor de las maquinitas expendedoras de boletos”
y gracias a ello se hizo la América... cómo que si todo le era poco, se la pasó
pidiendo que subsidios y aumentos al pobre y fragmentado Estado argentino porque
las cuentas de Metropolitano estaban tan en rojo de haber jugado tanto al juego
del sapito tragavueltos. Pro este cuento no termina aquí: algo innovador vino a
rematar a Metropolitano: el famoso leasing, implantado por Charly, así cayeron
una tanda de chicas canadienses procedentes de Yanquilandia, tan renombrado es
ese acontecimiento porque Charly a una de ellas la manejó, como quien dice, la
tocó y la quemó, tuvo un accidente y hubo de ir a depósito. Como quien dice,
lo que toca Charly... Y de mientras el choreo seguía pero nadie o ¿nadie? tenía
ganas de darse cuenta de que ahí adentro la cosa estaba podrida... que los
aumentos eran precisamente para cubrir el semejante agujero negro que ellos
mismos habían creado mientras nos quejábamos a los cuatro vientos que el
material rodante era directamente chatarra. ¿Cuanto duró ese trato? Diré que
tanto como un suspiro, hace un tiempito largo que todas están presas, es por
eso que dije al inicio que alguno tome el teléfono y llame a A920 para ver cómo
siguen las cosas –en argentino: a ver si nos hacemos los giles y cuando
salimos-. Lo de que las locomotoras estén presas es por decisión de la
justicia pero lo de la crisis tractiva no: pareciera que hay brujos en la línea
San Martín, o será que está muy recalentada la cosa, es que la mitad más uno
de las que van allí, vuelven rotas. Pero en el Roca no está mucho mejor la
cosa que digamos. Y si miramos un listado del material tractivo de Metropolitano
uno concluye en que está bien surtido de material, lo que pasa es que buena
parte de ello está hecho pelota y si a lo hecho pelota le sumamos el
mantenimiento berreta, el resultado son los plantones, o cuando no los
incendios, cosa que cada tanto sucede –y que no hace demasiado pasó-, por
ende, por falta de material tractivo se vieron en la obligación de hacer un
canjeo y quien mejor que para ofrecer un cambio de este tipo que ver a
Ferrobaires –que no se queda muy lejos-. Hete aquí que ofrecían a la A601,
una G-12 del año del tuje –que muy bien se la estamos cuidando- y a cambio de
ello se llevaron a una gran potencia de los rieles: una GT-22, justo le tocó
ser a Lomas de Zamora. Al inicio la cosa marchó bien, pero cómo no se podía
esperar, a ella también le tocó el berretismo, lo vivió en carne propia y
producto del berretismo, al tiempo nomás casi se incendia en La Plata pero en
Avellaneda, ¡listo! Y a dormir a Escalada... Yo mencioné a Iglesias: cuando
Montoto dijo “Chau, chau, adios”, Iglesias se propuso mandar en
Metropolitano pero le fue tan bien que tuvo que pasar un tiempito encerrado en
la sección Delitos Complejos, por la misma causa que lo debería haber estado
Montoto. Lo que sí puede sonar a divertido y chistoso chicas, es Montoto, lo
que no advirtieron es que cuando dijo “Chau, chau, adios” a Metropolitano,
no renunciaba a Metropolitano: seguía dando vueltas, pero ahora desde Córdoba
con el Hotel Meterfer, donde por lo menos saben allí que es pasar por una buena
cirugía estética. Y la pregunta es ¿el Estado? Yo sé la respuesta:
subsidios. O sea, Metropolitano y Materfer son la misma cosa, Montoto e Iglesias
también, los subsidios estatales completan este beneficio. Y ahora con un tren
de larga distancia, estos chabones ignoran que General Alvear es demasiado lejos
como para viajar con vagones sin baños... No hay problema, entra en el radio de
la sección local. Metamos
las narices en el laboratorio TBA. El primer personaje que salta a la vista es
un tal Jorgito Molina, pero Jorgelín solo es una especie de Cristo y la
tempestad calmada, simplemente que no corta ni pincha. Tampoco son mejores que
Metropolitano. Supieron pasar por la época de tener los trenes que no daban más
de hechos pelota que estaban y ellos hacían exactamente lo mismo que
Metropolitano: subsidios y aumentos. Pero algún día se decidieron a hacer algo
por su cuenta y dieron un retoque a los vagones, por lo menos cambiaron algo,
aunque sigan siendo siempre la misma porquería de hace años luz. Pro ahí hay
un escándalo super resonante: la 9039. Historia, metáfora de quienes están en
la lona, se mandaron la milanesa del siglo: como la 9026 de TUFESA estaba al
divino pedo en Retiro –con problemas de otra índole-, TBA tuvo la genial
ocurrencia de ir a meter los ganchos y la 9039 estaba radiada, o sea, dada de
baja y la cuestión es que de la noche a la mañana pasó de estar dada de baja
a volver a servicio. Como si nada, muchachos, acá no pasó nada. Si vemos su
listado de material tractivo, digamos que están bien provistos, el problema es
que buena parte del material no está andando porque, solamente ellos supieron cómo
hacerlo de goma, lo hicieron pelota y jamás se ocuparon de acondicionarlo. Así
le está pasando a una sarta de GT tiradas en Liniers, de lo que sí por ahí no
deben haberse dado mucha cuenta es que NCA está al asecho de ellas. Y pareciera
que también había que hacer la competencia en materia de larga distancia y
tiene bajo su cargo el tren a Santa Fe, pero al menos ese tren es de larga
distancia, porque para Metropolitano da lo mismo local que larga. Ahora
¿TUFESA? TUFESA no existe más, por una grave estafa que devino en una
tragedia, pero bueno, ahora es NOA. NOA y NCA hacen las cosas muy bien, y eso
que NOA tiene una sola locomotora en servicio y si se le descajeta, chau, pero
no hay problemas: puede descajetarse en el camino que NCA lo va a auxiliar sin
chistar. La cosa entre TEA y ALL es al revés. TEA está igual que NOA y se
supone que ALL es el auxilio. No sé, pero sé que lejos de ser auxilio, TEA
termina siendo auxilio de su propio auxiliador. La pregunta es ¿en qué
quedamos muchachos? Eso sí, NCA y NOA tienen todo en paz, la guerra en el
Litoral entre ALL y TEA: ALL no puede ver a TEA, por eso digo que indirectamente
se parecen a una pelea de boxeo, pero dicen las malas lenguas que ALL se va a
tener que rajar, una especie de Apocalipsis porque son jinetes que huyen
despavoridos. Como será la cosa que Ferrobaires no puede ni usar la mesa
giratoria porque hasta eso cobran... ¿Y
Ferrobaires? No mucho mejor que los anteriores, si sobre todo saben mucho de
pintura pero si son especialistas es romper locomotoras y sacarlas de estar
radiadas una vez cada 100 años. Con esa módica suma de una cada 100 años,
digamos que varias generaciones vamos a estar bajo la tumba, y el mundo puede
que esté próximo a extinguirse. Yo pienso que a estos muchachos les salen carísimos
los repuestos que lo que rompen no lo reparan, y si sumamos que los compañeros
–sus compañeros vagones- parecen salidos del Cementerio de la Chatarra
–Ideal para jugar a la Guerra de la Chatarra- que así que es una especie de
TBA y Metropolitano hace unos años atrás porque ahora por lo menos están en
“buen” estado. Eso sí, saben de mucha programación para temporada pero
alguna vez escuché la palabra “Ferrobestias” que justamente se la dicen a
la gentuza de Ferrobaires. Por desgracia, quienes están para informar informan
como el culo y otros que no son de administración hacen las cosas como el
diablo, más que ferroviarios bonaerenses, son bestias ferroviarias.
Por
eso siempre le digo a mis chicas, que hay que tener confianza en el país, que
vamos a salir adelante, que vamos a volver a ser lo que somos, dirijo esto a los
políticos, ingenieros y funcionarios –no a todos, algo hay que preservar- que
luego de haber leído todo ésto, que piensen dos veces lo que van a hacer, si
siguen haciendo lo que hacen, yo voy a estar todo el tiempo posible para
joderlos... tomarles el pelo y cuidarlos también. Y
también los quiero cuidar de la máquina de cortar imbéciles, dado que si la
pusiéramos en el túnel del tiempo, nos quedaría una máquina cortando imbéciles
con retroactividad... me da la impresión que la historia hubiera sido otra, metáfora
que no se deja descarrilar. Pero pienso que nosotros tenemos buena parte de la
culpa, así salimos en masa a hacer un mea culpa 10 años después... nosotros
culpables por giles y boludos y los funcionarios culpables por no tener cerebro
y, por ende, sin ideas. Así
pasaron 10 años, una década. Y nosotros también... Autor: Valeria Benitez
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