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Café
Ferroviario VI: Ñoquis y prontuarios Hace
rato que establecieron Kilo 4 como lugar de reuniones, charlas y demás yerbas.
Para ellas es un ambiente donde pueden deslizar todas aquellas cosas que no se
atreven a decir afuera, porque “hasta las paredes hablan”. Peperina
habla demasiado y hace rato la han puesto en aviso “Ojo, porque algunos son
demasiados pesados” –alguna vez le dijo G601. Pero
TT01 sabe demasiado y hace tiempo y espacio se dió cuenta de que la han metido
con gente pesadísima “Belgrano Cargas es el santuario de la corrupción
sindical” –le dijo hace un par de semanas a Yoly. Yoly
disparó una frase de bronca e ira “¡Soy el relleno de un sándwich!”. En
Kilo 4 está durmiendo Brandsen junto con Miramar. Luego de un rato, Brandsen le
dice a Miramar “Dalceggio no está, seguramente llegó el auxilio”. “Es
lo mas probable” –responde Miramar. Dalceggio
trajo una formación y cuando fue desenganchada, vió un cartel de la Comisión
Nacional Salvemos al Tren, y lo leyó detenidamente. Pero observó que había
partes que estaban resaltadas, preguntó “Karpik ¿me querés decir de qué
puede tratarse ésto?” “¿La
CNST...? bue’ mira Dalceggio, la CNST es un grupito de chabones que yiran y
yiran pero no te preocupes: son Caram” –le responde Karpik. “Mmmmm...
Caram... uno que ni siquiera llegó a superar el 1%” –dice Sierra de la
Ventana. “En
concreto: la CNST no corta ni pincha” –agrega Cañuelas. “Yo
entendí que quieren reestatizar ferrocarriles” –dice Dalceggio. “Sí,
es cierto. Y nosotras no existimos en su mapa” –dice Brandsen. “Que
milagro...” –dice Dalceggio. “Miren,
yo sé que Ferrobaires es una garcada pero más bazofia que los de la CNST, no
existen” –dice exaltada Cuenca. “Claaaaaaro.
Es que si no ubicamos a algún pariente ignorante en materia ferroviaria como
vivimos aquí” –acota Miramar. “Pero
siempre vivimos batiendo récords de récords” –dice Brandsen. “¿No
creen ustedes que aquí hay ñoquis” –pregunta Dolores. “Entre
nosotras no creo, pero si apuntas a los que lucran a expensas nuestras,
seguro” –responde Sierra de la Ventana. “Por
lo menos una” –dice Cuenca. “¿?”
–se hacen todas. “Sobrevivimos
al período del Turco” –dice Cuenca. “Bah,
eso es como haber sobrevivido al Titanic” –dice Brandsen. “Una
pregunta: ¿es verdad que Ferrobaires compró material a España a precios de
nuevo cuando era la chatarra radiada?” –pregunta Karpik. “Los
TER son el ejemplo más visible” –dice Dalceggio. “¿Pero
quién asegura que lo que la CNST dice es cierto?” –pregunta Dolores. “Con
averiguar los antecedentes de cada integrante, es más que suficiente”
–contesta Karpik. “Si
vamos a los prontuarios, debiéramos visitar los baños de Ferrocarriles
Argentinos, de la CNRT y de Comodoro Py” –dice Mardel a modo de chiste. “Fuera
de todo chiste, acá hay expedientes hasta en los baños de los coches”
–dice Cuenca. “Che,
pero cuando fue el quilombo con el Bahiense y el de Quequén, todos salieron a
hablar” –agrega Cañuelas. “Sí,
los de la CNST” –repone airosa Sierra de la Ventana. “Ahora
hace meses salió al ruedo un tal Rosendo. Según él dice que lo que hay que
hacer el volver a nacionalizar los trenes” –dice Dalceggio. “¿De
dónde salió ese Rosendo?” –pregunta Dolores. “Un
día se entrevistó con un chabón por la radio” –contesta Cuenca. “Yo
lo escuché pero no entiendo bien qué quiere” –dice Karpik. “Si
no tiene una posición definida. Es controvertido” –dice Dalceggio. “¿Qué
función cumplió Rosendo en los ferrocarriles?” –pregunta Miramar. “Mira,
sé que es ingeniero ferroviario, pero que no te quepa la duda de que el título
de ingeniero lo debe haber comprado al canillita más cercano a su domicilio”
–dice Mardel respondiéndole a Brandsen. “¡Ja,
ja, Ja!!!” –se ríen todas. “Oigan,
¿saben algo del Gato Manco?” –pregunta Miramar. “Eeeehhh...
El Gato Manco ¿no? Creo que anda por ahí” –dice Dalceggio. “Peperina
me pasó el dato de que el Gato Manco fue a “presentar informalmente” el
engendro mutante del hotel Materfer” –dice Karpik. “¿Hotel
Materfer?” –se preguntan Miramar y Cañuelas. “¡Sí
bolú! Ese hotel pertenece a Metropolitano y quién pueden imaginar que garpa”
–dice Brandsen. “Jueguen
un ahorcado” –sugiere Cuenca. “No
hace falta Cuenca. M&M lo dicen todo” –dice Dalceggio. “Lo
mejor fue que cuando hicieron la inauguración del tren a Alvear, a la ida
fueron en el tren y a la vuelta ¿saben en qué volvieron?” –dice Cañuelas.
“En
combi por tener el culo re paspado” –dice Mardel. “¿Y
si hubieran viajado en un mionca de hacienda?” –sugiere Sierra de la
Ventana. “¿Por
qué no mejor en un tren de hacienda?” –sugiere Brandsen. “Y...
no creo que llegaran muy limpitos que digamos. Imaginen todo lo contrario”
–dice Dalceggio. “Pero
si todos hacen lo mismo” –dice Dolores. “Son
como los políticos. Tenía razón Mardel cuando dijo que se iba a paspar el
orto de viajar 24 horas en el expreso Tucumán” –recuerda Cuenca. Se
produce un mutis. Solo se oye el ruido de los trenes locales. “¿Por
qué todos tienen un extenso prontuario?” –pregunta Miramar. “Que
buena pregunta... pero son chorros” –responde Cuenca. “Pero
si las frases que a veces disparan dicen todo” –dice Dalceggio. “¿Como
cuál?” –pregunta Brandsen. “Y...
hay una que dice que para que la cosa fuera en serio había que dejar de robar
por dos años” –contesta airosa Dolores. “El
dueño hizo raíces en el PAMI” –dice Sierra de la Ventana. “Cierto.
Pero estamos en lo ferroviario, no quita que no sean Poliladron” –acota
Brandsen. “¿Como
quien?” –pregunta Miramar. “Montoto...
flor de poliladron” –dice Mardel con tonalidad de humorada. “Justo...
¿chupó, vació o evaporó? ¿cuál de todas?” –sugiere Dolores. “Eeeehhhh...
Mmmmm.... Que vieja historia” –dice Cañuelas. “Vamos
a algo concreto: en éste bendito país, del tango y la chacarera nadie, pero
absolutamente nadie se hace rico trabajando” –dijo Dalceggio sin anestesia. “No
se hagan problema chicas, nosotras somos un fiel y patente espejo para quien
quiera venir a retocar un poquitito esta realidad” –dice Mardel. “Ja,
ja!” –se ríen todas. “¿Alguien
vió La Fuga?” –pregunta Karpik. “Creo
que la deben haber visto ciertos sujetos, sobre todo Iglesias” –dice
Brandsen. “Ja,
ja!” –se ríen. “Ustedes
quieren la chancha, los veinte y la máquina de hacer chorizos...” –dice
Sierra de la Ventana. “Dejá
de decir boludeces Sierra. Lo que todas nosotras perseguimos es algo digno de
ser, no buscamos que nos vengan a alabar” –le responde Dalceggio. “Dalceggio,
a lo que se refiere Sierra es dirigido a los políticos, dirigentes y
sindicalistas. ¿Entiendes?” –le aclara Karpik a Dalceggio. “Disculpas
Sierra” –le dice Dalceggio, pero Sierra se hizo la que no escuchó la frase
desubicada. “¿Qué
quieren ustedes? Esto es producto de la seguridad que brinda Argentina. Usted
sabe que no se hace filantropía con sus capitales. Va a los lugares seguros”
–dijo Karpik y las dejó boquiabiertas a todas. Cuenca,
Cañuelas y Brandsen se miraron entre ellas. “¿Quién te enseñó semejante
frase Karpik?” –pregunta Sierra de la Ventana a Karpik sin lograr aún salir
del asombro. “Naides.
Enciendan un cacho la Caja Boba y miren un poco esos programas de
investigaciones o pongan un poco más el repollo al servicio del chisme y no
solo se van a enterar de los hechos trascendentales, sino de esas frases que a
uno lo dejan boquiabierto” –contesta Karpik. “Visiten
también algún triple doble ve y allí van a encontrar otro tanto” –sugiere
Dalceggio. Luego
de un silencio prolongado, “El pez por la boca muere” –dijeron todas a
coro. Autor: Valeria Benitez |