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Café ferroviario II: Fantasma de la
naturaleza Hace
varios años en algunas regiones, en particular la Pampeana, se viene dando un
fenómeno que parece estar siempre al asecho: las aguas. Hay
un dicho que dice “Las aguas bajan turbias...”, pero aquí parecen haberse
venido a instalarse. Solo
quedan los recuerdos... sí, aquellos memorables recuerdos de viajes a La
Pampa... con el calor y un paisaje más agreste que nunca. Pero para quien haya
alguna vez visto La Picasa, solo puede llegar a agarrarle un fuerte dolor de
cabeza. “Dicen
que la Unidad pende de un hilo en el Oeste... habrá que ver hasta cuando
aguanta” –dice Vidal mirando pasar el agua por debajo de un puente. “Sí.
Pero qué le estará sucediendo a la geografía, parece no encontrar solución a
este fenómeno” –dice a modo de interrogante Carolina. “Solución
hay, pero dicen que la especie que vino a destruir y a dar vuelta todo es esta:
la humana” –le contesta Vidal. “Hemos
destruido bastante este sitio... me pregunto si no se le puede encontrar la
solución a este problema” –dice Carolina mientras mira pasar al agua. “Esto,
me hace recordar a una frase de Claudia Natenzon “Las inundaciones tienen más
causas políticas que naturales”. Habrá que ver el grado de participación...”
–le responde Vidal. “¿Y
qué hacemos nosotras aquí, mirando impasibles pasar el agua?” –se
repregunta un poco resignada Carolina. “Mira,
miraremos pasar el agua impasibles porque nosotras no podemos hacer nada, si
quienes deben hacer estas tareas no se molestan ni en lo más absoluto. Entiendo
que estés resignada, duele. Y es como una herida, que deja una marca
profunda...” –la consuela Vidal. “¿Por
qué llegamos a este grado?” –pregunta Carolina. “Buena
pregunta. Hay tantas cosas que el hombre dice tener la solución y resulta ser
después un dolor de cabeza sin fin. Pero no hay que resignarse, nuestra tarea,
desde el ruidoso andar, plomo molestar, carga ploma económica, va a seguir
siendo la de peticionar a las autoridades una urgente solución al drama que se
vive. Pienso que en algún día, de algún mes, de algún año alguno tendrá
agallas suficientes y se preocupará por rescatar estos rincones” –dice
Vidal. “Comprendo.
Ver esto me recuerda a ver las inundaciones de Santa Fe, calles convertidas en
agua y todo así... Juro que no podía creer que una ciudad entera estuviera
inundada de la noche a la mañana. Pero lo peor de todo fue regresar a los
hogares y encontrar con los estragos...” –dice Carolina mientras mira su
reflejo en el agua. “Pero
te he decir que si los santafesinos sufrieron porque vino una subida estrepitosa
del río Salado y los inundó por varios días y les destruyó todo, es cierto,
pero hay muchos más olvidados. Te puedo dar el ejemplo de La Picasa. Esa gente
no sé cómo hace para aún estar allí. La verdad es que no me termina de caber
que cómo una laguna aumentó deliberadamente su volumen de agua, multiplicando
varias veces la Capital Federal” –le contesta Vidal, mientras se mira en el
reflejo del agua. “Esos
sí que están peor que nunca. Tengo entendido que hace años que están así,
que los que viven en el campo viven de la pesca y no de la agricultura y la
ganadería. Sé que esta gente está más arruinada que nunca. Pobres los
habitantes del pueblo... ni me acuerdo el nombre” –le contesta Carolina. “Aarón
Castellanos. Te voy a contar una frase que le dijeron al intendente, en verdad,
quien la dijo, habría que matarlo: “Qué importa si se inunda Aarón
Castellanos si a los 500 habitantes los cargamos en tres camiones y los llevamos
a vivir a Rufino” –dice Vidal. “Qué
frase... evidentemente quien la dijo no tiene ni cinco de noción de qué
hablaba. Pero pienso al mismo tiempo que acá el problema pasa por la burocracia
provincial y nacional” –dice Carolina. “La
guita de las obras está, pero esto me hace recordar a la promesa inconclusa del
Riachuelo, cuando la guita para limpiarlo estaba pero se la desvió para cubrir
planes sociales. En esa materia somos campeones, lastimosamente” –contesta
Vidal, mientras se detiene a mirar el Salado de la PBA.
“Buscamos
las respuestas a las inundaciones, pero pareciera que aún no las encontramos...
–le dice Carolina- ¿cómo se quiere prestar servicios ferroviarios
eficientes?”. “Es
que hay un grave problema. Si no somos capaces de hacer frente a un problema de
la naturaleza, menos lo busquemos por el lado de lo técnico” –le dice
Vidal. “Pero
Vidal, fíjate en este río: nunca lo he visto tan crecido y desbordado como
estos últimos años” –dice a modo de crítica Carolina. “Bien
dijistes, crecido y desbordado. Y eso que no anduvistes por Chascomús, que la
cosa es peor aún –cuenta Vidal- da miedo andar por esos lugares, pues
pareciera que haces equilibrio, que un mal paso y al agua te vas”. “Qué
consuelo...” –contesta Carolina. “Acá
no es cuestión de consuelos Carolina. Es cuestión de ponerse de acuerdo y de
mover un poco las tabas, a ver si terminamos de una buena vez con estos dolores
de cabeza” –dice Vidal. Y
el día va terminando, pero ellas contínuan allí, mirando el agua pasar,
impasibles...
Autor: Valeria Benitez
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